EL ORDINARIO Y EL PROPIO DE LA MISA

Antes de todo, es necesario que aclaremos ¿qué entendemos por cantos de la misa?

Para los expertos que estudian el repertorio de los cantos de la misa latina, “una misa en música” se compone de cinco piezas: el Kyrie, el Gloria, el Credo, el Sanctus y el Agnus Dei. Se llamaba misa breve cuando no tenía credo.

“Misa Cantada” y “Misa rezada”

Antes de la reforma del concilio Vaticano II, todos los músicos, cantores y maestros de coro debían distinguir entre una “misa cantada” (Missa Cantata) y una “misa rezada” (Missa lecta).

La diferencia entre estas dos maneras de “decir la misa” (por utilizar una expresión preconciliar) se debe al papel que cumplía el canto en la celebración litúrgica. La “misa cantada” comprendía no solamente las cinco piezas que ya dijimos anteriormente que constituían “el Ordinario de la misa”, sino también las cinco piezas del “Propio de la misa”. Estas piezas son: El introito, el gradual, el aleluya, el ofertorio y la comunión.

Aquí debemos ya dejar claro qué es el ordinario de la misa y qué es el propio de la misa. Los cinco cantos que hacen parte del ordinario de la misa son fijos. Quiere decir que no tienen ninguna variación en cuanto a su texto litúrgico. Más aún, su texto está definido por los libros litúrgicos, especialmente por el misal romano.

El Ordinario de la Misa

Recordemoslos: el Kyrie Eleison o Señor ten piedad, que tiene su texto definido. Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. o en griego: Kyrie Eleison; Christe Eleison; Kyrie Eleison. Texto definido. Sin cambios. Así mismo el Gloria, sin derecho a cambiar una sola palabra, porque su texto litúrgico ya está definido y debe permanecer intacto a la hora de cantarlo. El credo también puede ser cantado guardando siempre la totalidad de su texto litúrgico. El Sanctus, o Santo que todos conocemos de memoria. Lo que puede variar es la música, nunca el texto. Y finalmente, el Agnus Dei o cordero de Dios. De igual manera que las otras piezas anteriores, este tiene su texto definido en el misal.

No debemos atrevernos a cambiar algo que la Iglesia ha guardado por siglos y que su tradición litúrgica y teológica ha plasmado en este corto texto. Entonces, Ordinario de la misa quiere decir que estas piezas de canto son fijas y definidas por el misal y porque además no pueden faltar en la Misa, especialmente los domingos y solemnidades, guardando por supuesto las normas litúrgicas de cada tiempo y celebración.

El Propio de la Misa

Ahora, el Propio de la misa son las piezas que varían según el calendario litúrgico o la fiesta y solemnidad que se celebra convirtiéndose así en un repertorio propio. Es decir que el Introito o canto de entrada, el Gradual o salmo responsorial, el aleluya, el ofertorio y la comunión se escogen para cada celebración no al azar, sino teniendo en cuenta el contexto litúrgico. Los textos de estas piezas según la tradición gregoriana están tomados en su totalidad de la Sagrada Escritura especialmente de los salmos.

La Iglesia nos sugiere a la hora de escoger un canto para el Propio de la misa, que los textos de los cantos estén basados en la Escritura, en particular de los salmos y los evangelios o también de los textos litúrgicos, que pueden ser el misal, los leccionarios, la liturgia de las horas y los rituales.

El canto de los ministros

Pero continuando con las misas cantadas, que eran las que contenían las 10 piezas ya mencionadas; también incluían el canto de los ministros: sacerdote, diácono y subdiácono. Era muy importante que los ministros supieran cantar los diálogos, las oraciones, las lecturas, las moniciones, los prefacios, el Pater Noster etc. Era justamente el canto del sacerdote lo que diferenciaba una misa cantada de una misa rezada.

Dos puntos importantes

Es necesario que hagamos dos apreciaciones de la manera como se veían los cantos de la misa antes de vaticano II:

  • Los cantos de la misa fueron primero que todo considerados por varios siglos como repertorios musicales. Ya sea porque el canto gregoriano llamaba así al corpus de los cantos de la misa o por las monodias y polifonías con o sin instrumentos que empezaron a aparecer para acompañar el ordinario de la misa. De aquí surgen las famosas misa de Angelis, la misa de difuntos, la misa cum Jubilo etc.
  • La segunda observación es que este repertorio estaba reservado a los cantores o al coro o a la schola o a la coral. Luego, no todo el mundo tenía oportunidad de cantar estas piezas y sobre todo porque eran en latín.

El canto religioso popular en la lengua local existía ya pero podían ser utilizados sólo en la misa rezada pero no en las misas cantadas. Este tipo de canto en la propia lengua no era considerado como canto litúrgico.

Todo esto, antes del concilio Vaticano II. Por eso hay que tener muy en cuenta cuando estudiamos documentos sobre el canto y la música porque el contexto histórico, litúrgico y pastoral que la Iglesia vivía no era el mismo que se vivió después del del concilio Vaticano II.

El aporte del concilio Vaticano II

Justamente esa reforma nacida del concilio lo primero que hace es suprimir esa distinción entre misa cantada y misa rezada. El propósito de este cambio era abrir la puerta a la “participación activa y consciente de toda la asamblea” (SC 14), ya fuera grande o pequeña, rica o pobre, con coral o no y sobre todo en su propia lengua. Por eso la constitución sobre la liturgia dice:

Para promover la participación activa se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales. (SC 30)

Conclusión

Pero aunque la Iglesia abrió la puerta a la participación, resulta que hoy más que nunca la gente no canta. No participa a través del canto. Volvimos de nuevo a la época en la que muchas asambleas son únicamente asistentes a los oficios sagrados. Además de un descuido total de la música de parte de los ministros, del uso irresponsable de esa libertad que la Iglesia nos confió para cantar en nuestra lengua. Hoy no sabemos, qué cantar, por qué cantamos y cuándo cantar.

Con este primer video sobre los cantos de la misa vamos a hacer un recorrido por cada uno de ellos, basándonos en este vocabulario que la Iglesia sigue utilizando cuando se refiere al ordinario de la misa y propio de la misa. Ojalá de de ahora en adelante utilizamos este lenguaje que nos hace pensar en que nuestro canto litúrgico es auténtico y diferente al canto que se ejecuta fuera de las celebraciones litúrgicas.

Por P. Gabriel Alarcón 

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