Porque el que canta bien, ora dos veces 

Hola amigos y amigas animadores de la música y el canto litúrgico. Un buen músico y cantante de la liturgia, necesita formarse en liturgia, en técnica musical, en humanidad y en espiritualidad.

Los animadores del canto y la música en la liturgia ejercen un apostolado, un ministerio dentro de la liturgia. Eso ya es decir mucho. Pero no todos son conscientes de eso. Por eso hoy quiero compartirles un tema de formación espiritual que espero les sirva de reflexión.

¿Ustedes conocen los pecados capitales?  Me imagino que sí. Son 7: orgullo, avaricia, impureza, ira, gula, envidia y pereza.  ¿Por qué capitales? Porque son causa de muchos otros.

Me voy a basar en los siete pecados capitales para hablar de los 7 errores capitales de quienes cantan y animan la liturgia.  Es muy importante que todo el que desee avanzar en un verdadero servicio en la liturgia aprenda a detectar estas tendencias en su propia vida y examinarse sobre estos errores.

 

EL ORGULLO:  

Este es el rey del pelotón. “Le maillot jaune”. El capitán de los Capitales. Se sabe disimular muy bien. Es un error capital por el que todo mal llega. Cuidado: está en cada uno de nosotros.

 Es ese deseo de vivir para sí mismo y por sí mismo. Ese tipo de músico que no piensa sino en sí mismo, aunque hable de otra persona. No le interesan los demás y si lo hace es por él mismo. Es cuando te crees un “súper músico” o que nadie más lo hace como tú. 

Es ese tipo de músico que dice ser independiente que controla todo pero que no quiere ser controlado por nadie. Y menos cuando se le dice que no tiene la razón. Aquí se desarrolla un tipo de máscara: el perfeccionismo; no aceptan un error en una nota o en un acorde, o por entrar a destiempo. Viven en este error aquellos músicos que creen tener siempre la razón y no soportan una crítica constructiva. Es aquel que dentro de la litúrgica no aceptan si no aquello que lo engrandece como artista: los aplausos.  

Consejo: 

Escucha más a los otros:  los que te forman, los que te ayudan. Deja de pensar en cómo te sientes tú y sé un poco más humilde. Si te equivocas, acepta la equivocación sin justificarte, asume el error, eso te ayudará. Y si te felicitan por tu excelente trabajo como músico o cantor en la liturgia: di, todo para la mayor gloria de Dios. Gracias.

 

LA AVARICIA:

Se define como el amor desmesurado por los bienes de este mundo. Y no porque los bienes de este mundo son malos, sino por el mal uso que se tiene de ellos.

Aquí podemos hablar del deseo desmesurado por ser un buen músico, por prepararse, por ensayar, por perfeccionarse en el arte, pero nada de espiritualidad. Le huye a las cosas espirituales, un concierto si, un retiro…quien sabe. Los músicos de la liturgia deben ser buenos en su arte, pero sobretodo buenos hijos de Dios.

Aquí podemos pensar también, en aquellos que se apropian de su responsabilidad de animar el canto en la liturgia y no permiten que otros se integren porque sienten que ese es su puesto y les pertenece. “Que los nuevos esperen su turno”. O peor aún, porque no recibirán dinero por las ceremonias que cantan. Es una forma de avaricia. Recuerden que es un servicio que prestan, no un empleo.

Cuando hay este tipo de error en nuestros ministerios de música o en nosotros mismos, esto retrasa el crecimiento espiritual, impide la adhesión a Dios. Dar tiempo a los demás, ensayar, sacar un tiempo para la reflexión, para participar en un retiro es mucho pedirle a alguien que vive en este error. Pues siempre tiene algo que hacer más importante, según él.

Consejo: 

La mejor manera de no caer en este error es siendo generoso. Donar el tiempo suficiente a la preparación de la música litúrgica, enseñar a otros lo que yo sé, dedicando tiempo a compartir con mis amigos del coro o los que animan conmigo las ceremonias litúrgicas. Un músico generoso es un tesoro en la parroquia, pero son muy escasos, o porque no tienen tiempo o porque simplemente esperan una recompensa económica.

Amigos músicos y animadores de la liturgia, no olviden que es un servicio que ustedes prestan por lo tanto no piensen en cuanto me van a pagar. Eso es avaricia. Pero también nosotros los sacerdotes, reconozcamos los esfuerzos que hacen todas estas personas que nos cantan y animan la liturgia. La motivación es importante en todo servicio. Tengamos gestos con ellos.

 

IMPUREZA: 

Textualmente la impureza es el placer desconectado de la comunión de personas o del don de la vida. Pero esta desconexión no se limita solo al placer físico. Y aquí es donde surge la reflexión que nos interesa.

Vivimos en la era de la receta: ¿cómo aprender un idioma en dos meses? ¿Cómo aprender a tocar un instrumento con sólo algunas clases? ¿Cómo aprender a solfear sin ningún esfuerzo? ¿Quién no ha buscado este tipo de recursos por internet? Cada vez, uno quiere la satisfacción sin la operación.

Nuestro ministerio de música o mi servicio como animador, no puede buscar crear el placer en la asamblea. Es decir: no cantamos ni animamos para que la asamblea sienta. No elegimos los cantos para que la gente tenga una experiencia de Dios. Podemos caer en el error de buscar todo el tiempo el placer, la satisfacción, olvidando que esto está unido a un acto: en nuestro caso a la liturgia. “Yo canto mejor este canto que no es católico y que no me está permitido, porque la letra del santo o del cordero o del aleluya es muy aburrido”. Cuidado con expresiones como: “a la gente le gusta, a mí me gusta este canto, al sacerdote le gusta”. Porque cuando damos rienda a nuestros deseos ya no hay búsqueda de Dios. Sino sentirnos bien.  Esto resulta egocéntrico y no olviden que la liturgia es una experiencia comunitaria.

Consejo:

Lo contrario a todo esto es la pureza, es decir la búsqueda del amor puro. Buscar a Dios. Que cuando estés eligiendo los cantos para una celebración litúrgica, pienses qué es lo que Dios pide en esa celebración, qué es lo que la liturgia y la Iglesia dice y en qué puedo yo aportar con mis talentos para que juntos, como asamblea reunida, vivamos la experiencia de Dios en la escucha de la Palabra, en el canto comunitario y en la participación en la mesa de la Eucaristía. Si tienes en cuenta estos elementos, tu servicio será realmente litúrgico y una expresión de tu amor puro por la Iglesia y por la liturgia.

Nos quedan aún cuatro puntos a reflexionar. Espero les sirva estas reflexiones personales que son solamente desde un punto de vista espiritual para los músicos que están al servicio de la liturgia.

Bendiciones y no olviden que el que canta bien, ora dos veces: y bien quiere decir, prepararnos espiritualmente para este servicio litúrgico. No olviden: comentar, compartir Y cantar bien… porque el que canta bien, ora dos veces.


Ver el mismo tema en video: 

Por P. Gabriel Alarcón. 

Write a comment:

*

Your email address will not be published.

seventeen − 5 =