Porque el que canta bien, ora dos veces 

Hola amigos y amigas músicos al servicio de la liturgia.

Esta es la segunda parte de un tema que hemos llamado, los errores capitales de los músicos y cantores de la liturgia. Ya hemos hablado del Orgullo, la avaricia y la impureza. Tres grandes errores que no permiten prestar un sincero y verdadero servicio en la liturgia.  En esta ocasión hablaremos de la ira, la gula, la envidia y la pereza. Empezamos.

 

IRA:

Es una pasión. Pero como toda pasión, no aparece espontáneamente, sin razón. Para volverse agresiva, el hombre debe sentirse agredido. Y él se siente agredido porque no es respetada su justicia ni la del otro. La cólera llega justo cuando uno se siente ofendido. Es por eso que Aristóteles y San Agustín decían que la ira es un deseo de venganza; es decir un deseo de restablecer la justicia.  De ahí las frecuentes iras de los músicos y cantores en la liturgia.

“Sería justo que vengan a ensayar y no lleguen en el último momento.  Sería justo que el sacerdote nos apoyara un poco más. Es normal que me obedezcan si yo soy el coordinador del coro.  Sería justo no cantar esas canciones que ya sabemos que no son aptas para la liturgia, pero nadie hace caso”.

Tenemos derecho a reclamar por algo que no está bien. Podemos decirle a esos amigos músicos que prefieren los cantos no católicos en la liturgia, que no está permitido. Podemos decirle a nuestro coro que sea más puntual, más responsable. Decirles a los músicos que se interesen por una verdadera formación litúrgica y espiritual.  ¿Pero cómo tener la certeza que la ira que me producen estas cosas, puede servir a solucionar el problema? Cuando el motivo es justo, la intención recta y la reacción proporcionada. La ira se vuelve un pecado capital cuando es injusta, con deseos de venganza y desmesurada (sin control).

¿Cómo se percibe la ira en algunos cantores y músicos de la liturgia? Espero que ustedes no sean el caso.

  • Se volvió ya una forma de vivir. Y todo el tiempo viven en ira porque salieron mal los cantos, porque salieron bien, porque todos son responsables, porque no. (El rostro cuando están cantando. Expresa mucho. Un rostro de amargura y rabia todo el tiempo no te ayuda a servir bien en la liturgia)
  • Ira compartida: amargarles a vida a los otros, con la excusa que hay muchos que piensan como él. Incluso terminar quedándose con los músicos que comparten su punto de vista y alejando a los demás.
  • Se percibe la ira cuando se justifican: me pongo así de molesto porque es una causa justa. “Una santa ira”.
  • Y lo más grave: la ira enceguece y bloquea el intelecto. Algunos de ustedes me han contado que han compartido estos temas y los responsables de la animación litúrgica, han respondido: los de la liturgia, esos no saben nada. Aquí se hace lo que yo digo, por eso soy el coordinador.

Consejo:

  • En un momento de ira, guarde un profundo silencio tan largo como te dure el malestar.
  • No huya de las circunstancias. Hable con la otra persona que no llega a ensayar, que no acepta las normas litúrgicas. Quizá sea sólo por ignorancia. Quizá basta un poco de tu humildad para remediar todo. A veces es simple.
  • Ponerse en el lugar del otro. ¿Qué haría yo si me hablaran con esa misma ira que tengo yo ahora?

 

GULA:

Santo Tomas de Aquino la definía como el deseo desordenado de alimento. Hablando de la gula espiritual S. Juan de la Cruz dice que “algunos buscan solo el goce sensible y no realmente la gracia y la discreción, buscan la consolación, pero no a quien consuela; a la sensación de la oración, pero no al ejercicio de esta”.

Aquí entramos en materia: ya lo habíamos dicho antes. Aquí están aquellos que están cantando toda Misa que les propongan, y pueden cantar tres o cuatro, pero en realidad puede ser por el solo placer de cantar y de lucirse y no realmente por el deseo de servir y buscar a Dios.

Buscan los cantos por hacer sentir a la asamblea, hacer llorar, hacer gritar o alabar. Nuestras liturgias deben ser alegres, que celebran un Dios de la vida, (alegres no quiere decir estridente o con tambores por todos lados). Puede haber cantos que sin ningún instrumento y a viva voz muestran que hay una asamblea viva. Ejemplo de eso, el canto gregoriano.

Consejo:

Como toda virtud moral, la sobriedad es la justa medida para no caer en este gran error. Aquí se puede pecar por dos extremos: POR MUCHO O POR POCO. Por ejemplo, cuando en la comunión preparamos demasiados cantos haciendo que el sacerdote y la asamblea escuchen el súper concierto de tres cantos que no eran necesarios porque el rito fue corto. Aquí se peca por mucho. O cuando en el ofertorio cantamos un pequeño verso y un pequeño coro y terminamos y el sacerdote aún está preparando los dones y nos faltó canto. Aquí se pecó por poco. La sobriedad. Como decimos en Colombia: ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.

Sobriedad. Los silencios son importantes. No tienes que estar haciendo arpegios para todo. El papa Francisco nos dijo hace poco que respetáramos estos cortos espacios de silencio. Además, están exigidos en la liturgia. Por lo tanto, no quieras meter música a todo; al acto penitencial, después de las lecturas, en la homilía, en la consagración, es demasiado. Es cierto que vivimos en una sociedad ruidosa, que no le gusta el silencio. Justamente por eso la liturgia debe ser un espacio para tener paz. Es necesario.

 

ENVIDIA:

Al hablar de la envidia les tengo dos noticias: una buena y otra mala. La mala, es que todos somos envidiosos y lo ignoramos. Y la buena, es que existe un remedio para eso.

La envidia es quizás el pecado más escondido. Es una tristeza que nace de una privación. Y como algo no tenemos o alguien es mejor que nosotros hay una lucha. La envidia está presente en los músicos y cantores de la liturgia de varias maneras:

  • La primera, por la incapacidad de alegrarse por la felicidad del otro. Cuando felicitan al cantor del coro por su bella voz, y los demás o se entristecen, o son indiferentes. Más bien se alegran del mal del otro.
  • Otra manera de envidia: la incapacidad de hacer un cumplido a quien él envidia. Al contrario, buscara hacer elogios exagerados de un tercero.
  • Otra manera de envidia es el espíritu crítico que tiene ese músico o cantor. Denigra de sus compañeros músicos, de los que cantan mejor, de los que van avanzando y superando errores. De ahí se producen las rivalidades entre músicos y coros. Efecto: mentir, maldad, criticas, destrucción. Ya no hablemos mas de eso.

Consejo:

Aceptarse como es. Ese es el remedio. Tú tienes tus dones, y los otros los suyos. Cada uno tiene un talento. Es bueno para algo en particular. Acepta eso. Además, aprende que existen otros que saben más, han estudiado más, se han esforzado más. Lo que tienes que hacer es lo mismo. Esforzarte, salir de tanto egoísmo y aprender más. Ensaya más, ora más, comparte más. Acepta que el otro sea el otro y ya. Cultívate tú. Por estar pendiente de lo que hacen los demás músicos tú no avanzas.

Y llegamos al último error capital de los cantores y animadores del canto en la liturgia:

 

LA PEREZA:

Los antiguos la llamaban “la tentación del medio día” porque expresa un gran cansancio interior, apatía, el deseo de avanzar justo cuando se está en el medio día de la vida.

¿Cómo se manifiesta en nuestros músicos y cantores de la liturgia?

  • Por la justificación. Siempre hay una excusa. Por ejemplo, no hay necesidad de orar pues cada vez que yo canto oro dos veces. Con esto no has entendido ni lo que es el canto, ni mucho menos lo que es la oración. O creerse un músico profesional, digo creerse porque los profesionales no lo hacen. Decir: “soy profesional, me sé estos cantos de memoria, no hay necesidad de ensayar un simple Señor ten piedad, cuando eso no lo sabemos”.
  • Se manifiesta también cuando se convirtió en un habito y se posponen las cosas tranquilamente. Se debería ensayar más en casa, para ahorrar tiempo en el ensayo comunitario, y avanzar más. Pero como se deja todo par último momento por eso nos vemos en apuros y hasta nos toca improvisar.
  • Porque el perezoso se vuelve cómplice con el ambiente. No hace esto o aquello porque los demás tampoco lo hacen. “Soy el único que ensayo y los demás no”. Entonces lo más fácil es volverme uno de ellos.

 Consejo:  

Vive el instante presente: si hoy tienes oportunidad de prepararte mejor, aprender algo nuevo, aprender a solfear, a salmodiar, leer algún documento sobre la música litúrgica, perfeccionarme en el instrumento que interpreto, técnica vocal. Ahora muchos medios, no podemos decir que no hay como hacerlo.

Y el otro consejo es perseverar. No es fácil salir de la comodidad y empezar un proyecto que me ayudara a avanzar en mi servicio como músico. Pero después de cada intento queda un gran trabajo. Eso Será evidente.

Muy bien amigos llegamos al final.

Quiero que me piensen sinceramente, cuántos de estos errores capitales los invaden como músicos de la liturgia? 

Algunos tendrán la sensación desagradable de coleccionarlos todos. Esa era la idea. Para que a partir de esa reflexión empecemos a hacer un gran trabajo y así ser verdaderos músicos, cantores y animadores de la liturgia.

Un abrazo amigos y no olviden comentar, compartir y cantar bien. Porque el que canta bien ora dos veces.


Ver el mismo tema en video: 

Por: P. Gabriel Alarcón

 

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