Porque el que canta bien, ora dos veces 

Cantar la liturgia, cantar la Eucaristía o los oficios litúrgicos va más allá de la cuestión musical. Todos vivimos con ese afán de encontrar cantos para la celebración eucarística. Pero, ¿nos hemos preguntado si nuestra vida es una constante «eucaristía» (acción de gracias)? Debemos reflexionar sobre nuestro amor por el Santísimo sacramento y la vida que los músicos llevamos. Porque, ¿cómo cantar algo que no conozco o que no asumo en mi propia vida?

Por eso en este ambiente de celebración de la solemnidad del Corpus Christi, compartimos con ustedes que cantar la Eucaristía debe inspirarnos a vivir como ella misma nos invita. El ministerio del canto en la liturgia se parece a la Eucaristía por seis razones:

1. El ministerio de canto en la liturgia es un acto penitencial

Lo que hacemos al inicio de la celebración eucarística, aún si todos estamos en gracia para recibir la comunión, es reconocer nuestra condición frágil e implorar la misericordia de Dios. Es lo mismo que debemos hacer en nuestro ministerio musical o coro. El primer acto del músico es reconocer que es una creatura, que necesita también del auxilio divino y que su ministerio tiene un significado diferente si se presta con humildad. Sin esa actitud, el resto es sólo apariencia porque no es cantar más, sino cantar bien.

2. El músico debe escuchar la Palabra de Dios

Sin escucha de la Palabra, nuestro ministerio no tiene fundamento. Si no se tiene acercamiento a la Palabra de Dios, ¿qué iremos a cantar si todo lo que es música en la liturgia está basado en ella?. Para cantar, primero hay que escuchar. No se puede cantar sin escucha atenta a la voluntad de Dios. Esto significa que mientras más cercanía a la Palabra de Dios, más tendremos la asistencia del Espíritu para componer melodías y textos litúrgicos. Escuchémoslo y luego cantemos. Notaremos la diferencia.

3. La vida del músico debe ser un constante ofertorio

Así como las ofrendas son presentadas por el pueblo de Dios ante el altar para que sean consagradas en el Cuerpo y la Sangre del Señor, nuestras vidas, nuestras voces, nuestros talentos, deben ser una ofrenda. Esa es la diferencia entre dar un concierto (que es válido y valioso fuera de la celebración) y cantar la liturgia. Es el músico que presta a Dios sus talentos para que el pueblo entero responda a Dios por el canto. Nosotros dejamos nuestros humildes talentos y es Él quien se encarga de convertirlos en alabanza agradable a su presencia.

4. Cantar no es un simple servicio, es una consagración. 

Así como la consagración es el momento culmen de la celebración, nuestro canto en la liturgia es la participación en la alabanza que la Iglesia dirige a Dios diariamente. El pan y el vino dejan de serlo para convertirse en el cuerpo y la sangre del Señor, por la consagración, aunque conserven sus elementos físicos. Nosotros cuando cantamos, somos la voz de una comunidad, de una asamblea, no la nuestra, porque si fuera así, nuestro canto no sería sino el grito desesperado de uno sólo y para los católicos la vida cristiana se vive en comunidad no en solitario. Cuando cantamos, es Dios quien consagra nuestras voces y se convierten en la voz de la Esposa que clama a su Señor.

5. Vivir siempre en comunión.

No se trata sólo que comulgar, ni de cantar en el rito de la comunión. Es vivir en la comunión con nuestros hermanos de coro, con nuestro párroco aunque no nos entienda ni apoye, porque de nada sirve que digamos que cumplimos las normas de la liturgia si vivimos en discordia con todos. Cumplir las normas no te hará mejor cristiano, pero amar a todos y ser paciente, luchar por tu ministerio, crear comunidad, eso no es sólo hacer comunión, sino construir iglesia. Este trabajo requiere mayor atención. 

6. Nuestro canto y nuestra vida es siempre un envío

¿Nos les ha pasado que Dios toca las vidas de las personas a través de la música y de nuestros cantos? No podemos negar el poder que posee el canto en la liturgia. Conversiones se han visto. Nuestro canto no es insensible, o sino no utilizaríamos la música como medio de oración ya que nuestras simples palabras no pueden expresarlo todo. Esta influencia poderosa de la música en la vida humana y más en la vida del creyente, es lo que permite que nuestro ministerio sea siempre un anuncio del Evangelio. Por eso al terminar la celebración, somos enviados a seguir anunciando por nuestros cantos que el Señor nos espera en la Eucaristía para alimentarnos, consolarnos, animarnos y para que por el canto, nuestras almas degusten desde ya, la gloria que viviremos junto a él. Pero esto debemos anunciarlo.

Esperamos que estos sencillos puntos nos hagan vivir mejor esta fiesta del Corpus Christi, preparar mejor nuestras celebraciones, así como ser los primeros en vivir lo que estamos cantando.

Por Pa. Gabriel Alarcón

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