Porque el que canta bien, ora dos veces 

Durante los 40 días de Cuaresma la palabra Aleluya desaparece de la liturgia de la Iglesia. No se dice ni una sola vez. Luego, durante la Vigilia Pascual, el sacerdote entona el gran Aleluya y parece que la Iglesia no puede dejar de repetir esta palabra una y otra vez.

¿Qué significa y por qué está tan estrechamente asociada al tiempo pascual?

Aleluya, del latín halleluia, tiene a su vez raíces hebreas en hallĕlū yăh y significa “alabad a Dios”. Aclamar a Cristo presente en su Palabra, es el sentido de este canto que precede la proclamación del Evangelio.

Pero es sorprendente como en una celebración eucarística, muchas asambleas permanecen sentadas durante el canto del aleluya. ¿Será que aún no han comprendido que en ese momento se aclama a Cristo mismo presente en su Palabra? ¿Acaso no tenemos la costumbre de levantarnos cuando una persona importante se presenta ante nosotros? ¿Con mucha mas razón, como se trata del Señor, no deberíamos permanecer de pie, como verdaderos resucitados?

¿Todos sabemos aclamar?

Por supuesto que si. Basta participar de una competencia deportiva o una elección presidencial para darse cuenta. “Bravo” “Hurra” “Viva”. La aclamación es algo espontáneo, producida por la emoción.

Podemos hablar entonces de la aclamación al evangelio. Y decimos aclamación al evangelio porque esta expresión significa que nos dirigimos a alguien, es como si dijéramos: una aclamación a Cristo. De hecho, la Iglesia reconoce que Cristo esta presente en su Palabra:

Después de la lectura, que precede inmediatamente al Evangelio, se canta el Aleluya u otro canto determinado por las rúbricas, según lo pida el tiempo litúrgico. Esta aclamación constituye por sí misma un rito, o bien un acto, por el que la asamblea de los fieles acoge y saluda al Señor, quien le hablará en el Evangelio, y en la cual profesa su fe con el canto. 

(Instrucción General del Misal Romano 62)

¿Cuáles son las indicaciones para ejecutar esa aclamación al evangelio?

Lo que dice la Presentación del misal romano (PGMR):

La aclamación al evangelio se canta estando todos de pie, iniciándolo los cantores o el cantor, y si fuere necesario, se repite, pero el versículo es cantado por los cantores o por un cantor.

a) El Aleluya se canta en todo tiempo, excepto durante la Cuaresma. Los versículos se toman del leccionario o del Gradual.

b) En tiempo de Cuaresma, en vez del Aleluya, se canta el versículo antes del Evangelio que aparece en el leccionario.

 Aclamaciones:

  1. Gloria y alabanza a ti, Cristo.
  1.  Gloria a ti, Cristo, Sabiduría de Dios Padre.
  1. Gloria a ti, Cristo, Palabra de Dios.
  1. Gloria a ti, Señor, Hijo de Dios vivo.
  1. Alabanza y honor a ti, Señor Jesús.
  1. Alabanza a ti, Cristo, rey de gloria eterna.
  1. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor.
  1. La salvación y la gloria y el poder son del Señor Jesucristo.

También puede cantarse otro salmo u otra selección (tracto), según se encuentra en el Gradual.

Aleluyas hay muchos. Unos litúrgicos y otros no tanto.

¿Pero todos tienen esa misma función ritual de hacer una aclamación a Cristo? ¿Cómo escoger el mejor que contenga esta realidad?

Primero debemos responder a la primera pregunta: ¿todos los aleluyas tienes la misma función ritual? Por supuesto que no. (Y aquí estamos hablando de los que son litúrgicos, porque es de aclarar que no todo canto que contenga la palabra “aleluya”, es estrictamente apto para cantar en la liturgia).

Pero los que son litúrgicos, su función ritual depende de la solemnidad de cada celebración. Por ejemplo, si en una celebración hay procesión con el evangeliario, la aclamación acompañará al sacerdote o diacono hasta el Ambon y tendrá un ritmo apto para una procesión. Si no hay procesión del evangeliario, se tomara un aleluya mas sencillo. 

¿Cómo cantar los versículos?

La instrucción del misal romano pide que se cante el versículo previsto en el leccionario. Lógicamente es mejor cantar el versículo que leerlo, justamente por evitar la ruptura entre el aleluya cantado y el versículo recitado. Normalmente, ese versículo se canta con una sencilla salmodia. Pero lo preferible es que un cantor o un pequeño grupo cante al unísono o en polifonía el versículo de manera melódica, para hacer la diferencia entre el versículo del aleluya y el salmo responsorial.

Cada comunidad parroquial no tiene necesidad de cambiar frecuentemente de aleluya. Bastaría tener algunos aleluyas conocidos para cada tiempo litúrgico ( por ejemplo dos para la pascua, cuatro para el tiempo ordinario y uno para el adviento) y también algunos para las principales fiestas, eso evitaría repetir y permitiría organizar nuestro repertorio.

En resumen:

La aclamación al Evangelio es un rito. Es decir, no se debe omitir. Se canta el aleluya y luego se canta el versículo. Si es necesario se repite el aleluya. El versículo se puede leer, pero la IGMR insiste en cantarlo pues hace parte del rito.

Un ejemplo claro de aleluya es un aleluya gregoriano: estas piezas desarrollan la última sílaba, en algo que llama “jubilus” júbilo. Y luego, el versículo. Y siempre se canta de nuevo el aleluya.

“Lo que cuenta no es que la Palabra de Jesús sea proclamada, sino recibida, amada por ser transformadora. Todo canto antes del Evangelio que no permite este objetivo es malo. Entre más lo favorezca, mejor canto es”.

 (Didier Rimaud, “Alleluia pourquoi? Comment?”, en la revista “Église qui chante n°117, 1972)

Por P. Gabriel Alarcón