Porque el que canta bien, ora dos veces 

El 9 de noviembre el pontificio consejo para la cultura junto con el Pontificio Instituto de música sacra y el instituto litúrgico del pontificio Ateneo San Anselmo, presentaron el III congreso internacional “Iglesia y música”, dedicado en esta oportunidad al intérprete y a la interpretación. 

El papa Francisco aprovechó esta ocasión para dirigirse a todos los asistentes de este congreso llamado:   “Iglesia, música, intérpretes: un diálogo necesario”. 

Queremos compartir con ustedes las ideas principales de esta audiencia para que profundicemos sobre la importancia de cantar bien. En este caso dedicada a nosotros los músicos o cantores que tomamos cantos, melodías, composiciones de otros artistas para nuestra liturgia. Somos intérpretes cuando cantamos algo que no es nuestro. La liturgia que cantamos no nos pertenece, por eso saber ser buenos intérpretes de esa riqueza eclesial nos preparará para el ejercicio de nuestro ministerio musical. 

“El intérprete es el que traduce con su propio espíritu lo que el compositor ha escrito”

El Papa Francisco resalta muy bien que en el campo de la música, la belleza y la perfección artísticas son obra de aquel que se apropia de la obra de otro. La lleva a los demás con su propia experiencia espiritual, irradiando la misma idea del autor, pero interpretándola para el público o la asamblea a la que pertenece. Podríamos decir que es este músico quien discierne y hace pastoral del canto. 

“El buen intérprete está animado por una gran humildad frente a la obra de arte que no le pertenece”

La tarea del intérprete no es cambiar la obra del artista, tampoco de modificarla, ni agregarle nada. Debe tener un respeto absoluto por los talentos de aquel de quien se sirve artísticamente y tener la delicadeza de valorar esa obra de arte con humildad. Sólo la humildad hará posible que no nos convirtamos en cantores y músicos expertos en hacer plagios y parodias. 

“El intérprete es un servidor de la comunidad”

Para el Papa Francisco, la formación debe llevar a cada músico a la transformación interna y técnica para poder ofrecer la belleza de la música. Esta idea es importante porque seguimos confirmando la importancia de una formación integral. No es cantar por cantar. No es cantar sin reflexionar. No es cantar sin formación. Es indispensable la integridad de la formación de un músico que quiere cantar bien la liturgia. Es necesario que tenga una excelente técnica, una vida espiritual profunda y empiece a redescubrir que tiene en sus manos una riqueza que debe cuidar y perfeccionar. 

“El intérprete está llamado a desarrollar su propia sensibilidad y genio”

Con esta frase del Papa, estamos siendo invitados a desarrollar más nuestros talentos. No nos contentemos con cantar sin técnica, o a interpretar un instrumento mediocremente. Desarrollar lo mismo que Dios nos ha dado para su servicio es signo de madurez espiritual. No podemos enterrar el talento que de Dios hemos recibido por miedo a no cosechar nada. Al final se nos quitará todo, dice el Evangelio. ¡Cuánta falta nos hacen nuevos compositores respetuosos de la liturgia y del arte musical! 

“Interpretar una obra de arte no es algo estático, algo matemático”

Este sea quizá un aspecto polémico y bastante delicado. Pero no debemos caer en el fundamentalismo de cantar, interpretar las piezas litúrgicas sin reflexión. Una obra de arte, la música requiere dinamismo. Muchos músicos sustentan que hay que cantar los cantos de la misa de la misma manera como los crearon sus autores. Primero, eso no es norma litúrgica. Segundo, interpretar esa obra y adaptarla a la cultura, a la realidad litúrgica y pastoral es sabio, porque va en comunión con la dinámica misma del Evangelio que es dinamismo e interpretación. 

Tenemos que ser cantores y músicos integrales, católicos, universales. Capaces de adaptarnos a las realidades – no adaptar la liturgia-. Los que nos adaptamos somos nosotros, nuestras técnicas, nuestra manera de anunciar a través de la música y el canto. 

Bastaría revisar la historia misma de la liturgia y de la música litúrgica para darnos cuenta que todo ha sido un proceso de adaptación e interpretación. El canto gregoriano, por ejemplo, es el resultado de un proceso largo de interpretación de estilos y cantos completamente diferentes, pero que se unieron para producir una música de uso litúrgico. Trabajar el canto gregoriano sería un buen ejemplo de interpretación. 

Esperamos estos elementos nos ayuden q seguir cantando y formándonos bien. Les dejamos el documento completo aquí: Audiencia papal noviembre 2019

 

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