Porque el que canta bien, ora dos veces 

Hola amigos qué alegría estar de nuevo con ustedes para compartir un nuevo tema de formación sobre el canto y la música litúrgica. Es decir, la música que cantamos en la Eucaristía, en los sacramentos y en el oficio divino. En esta oportunidad, inicio diciendo que en la liturgia: NO TODOS CANTAN TODO.

¿Por que? Vamos a aclararlo de una vez.

Después de Vaticano II, la asamblea en nuestras iglesias, se apoderó con gran entusiasmo del canto y creyó de buena fe que la expresión “participación activa” significaba el hecho de cantar todo en la misa. Esta confusión entre participación y cantar, produjo, algunas décadas más tarde unos resultados lamentables:

  • Primero varios errores. (Por ejemplo, cuando toda la gente canta la doxología: “Por Cristo, con él y en él”… en lugar de decir sólo la respuesta: “amén”).
  • Segundo, La forma única, coro-estrofa coro-estrofa ha invadido toda la celebración, que incluso el Gloria a Dios que es un himno, se ha transformado en un canto como los otros, con coros y estrofas.
  • Tercero, La monotonía en el tempo de los cantos (la gran mayoría lentos que pierden el espíritu y hacen del canto un llamado al sueño y no a la oración)
  • Monotonía en los colores de la voz (teniendo en nuestros coros o grupos de canto, mujeres, hombres niños, jóvenes, todos con tipos y timbres de voz diferentes, sólo cantamos al unísono o hay un solista que siempre canta todo).
  • Y monotonía incluso en el acompañamiento, los mismos instrumentos con el mismo volumen, de la misma manera sin tener en cuenta cuando interviene un solista, o cuando sólo canta el coro y cuando canta toda la asamblea.

Para mantener un equilibrio en estos aspectos primero necesitamos tomar conciencia de la importancia de saber qué se va a cantar y cómo se va a cantar.

La asamblea no es solamente los fieles que están delante del altar, o en las naves de la iglesia, sino también el sacerdote, los servidores del altar, los cantores, el salmista, el animador, los lectores y los músicos.  Y como sus voces son diversas, es importante a veces hacer esa distinción que manifiesta claramente las funciones de cada uno.

Así entonces, el sacerdote es aquel que inicia los diálogos: “EL SEÑOR ESTÉ CON USTEDES” y los fieles responden “Y CON TU ESPIRITU”. Además del sentido del texto, cuando uno escucha el contraste entre la voz de uno solo y la de toda una multitud que responde, es una experiencia en la asamblea que no hay necesidad de explicar porque todos la sienten.

La comunidad de los fieles responde, aclama y alaba. ¡Es necesario escuchar esa unión de voces! Un aleluya o un santo que es cantado exclusivamente por la coral o un solista, no tendría prácticamente sentido.

Por eso es importante que redescubramos como verdadero canto litúrgico, los diálogos y las aclamaciones de la misa. Son tan fáciles que son accesibles a todo el mundo.

Hay momentos también dentro de la celebración que se prestan para escuchar las otras voces que están presentes en la asamblea: el coro, el cantor o los cantores, pueden cantar solos en el momento de la preparación de los dones o después de la comunión; y por qué no permitir que una o varias mujeres sean las que canten los versos del salmo, o un grupo de jóvenes cante la respuesta a la oración universal, unos niños el canto a la Virgen al final de la celebración. Recuerden que nuestras asambleas están conformadas por todo publico. Este ejemplo es para que veamos cómo con formación y preparación podríamos vivir una verdadera participación en el canto sin que todos cantemos todo.

En cuanto a los instrumentos, a veces ellos introducen o prolongan la voz humana (sobre todo cuando se usa el órgano); a veces también los instrumentos contribuyen a exaltar el rito que se acompaña.  Por ejemplo en el santo, el buen uso de los instrumentos debería potenciar las voces y mostrar que es toda la Iglesia terrestre y la Iglesia celeste que cantan, “por eso nosotros con todos los santos, todos los ángeles, arcángeles, principados, potestades cantamos sin cesar el himno de tu gloria”;  aquí los instrumentos tendrían un cuidadoso rol a desempeñar que casi nunca es tenido en cuenta.

¿Como avanzar, como progresar? Probablemente saliendo de nuestras rutinas:

  • La rutina de cantar todo el tiempo: de hecho, algunos tiempos litúrgicos reclaman la sobriedad, por ejemplo, el viernes santo; (recuerdo que alguna vez en una celebración de viernes santo había canto de entrada y canto de salida, cuando justamente la Iglesia prevé el silencio y la ausencia del canto para destacar el misterio que celebra ese día en la liturgia; pero su respuesta era, estamos acostumbrados a cantar a la entrada y a la salida). De eso les hablo de la rutina de cantar siempre. O un ejemplo más sencillo que seguramente la gran mayoría de los músicos no tienen en cuenta: durante la cuaresma la utilización de los instrumentos cambia precisamente para que cuando lleguemos a la pascua, el canto exprese el resplandor de la pascua. ¿Pero sinceramente quien se toma a pecho todo esto? No muchos la verdad. ¿Por qué? Porque estamos acostumbrados a cantar todo, todo el tiempo.
  • Para avanzar y progresar en este servicio como músicos al servicio de la liturgia, debemos salir de la rutina de las formas: existen las cantilaciones, los himnos, cánticos con estribillo, cánones, tropos, coros, letanías y nos hemos quedado con una sola forma en los cantos de la misa. Esa es la rutina de las formas de la que estamos llamados a salir y buscar nuevas herramientas que siempre han existido en la liturgia y en el canto pero que en realidad no las conocemos.

Las variaciones para ejecutar el canto litúrgico son muchas:

  • En función de la acción: Cantar, responder, guardar silencio.
  • En función de cantidad: un solista, un grupo, todos.
  • En función del color de voz: niños, mujeres, hombres.
  • En función de la tonalidad: agudos o graves.
  • En función de la forma: al unísono, o polifonía.
  • En función de la técnica: con micrófono, sin micrófono.

Muchas de estas variaciones son posibles, aun sin grandes medios. Sin duda que, si intentamos esto, tendremos la impresión de escuchar “voces nuevas” en nuestras parroquias. Pero esas voces serán las que siempre han estado, solo que ahora con la ayuda de los músicos, cantores y ministros han entendido qué es la verdadera “participación activa”. Tenemos mucho en que trabajar, pero no es imposible. Sigamos adelante.

No olviden que el que canta bien ora dos veces, y bien significa comprender que no todo en la liturgia esta hecho para cantarlo todos y de la misma forma.

Yo los animo para que sigan adelante hermanos. El servicio como cantores y músicos en la liturgia puede ser realmente un camino de santificación si lo sabemos vivir como un llamado que Dios nos ha hecho a servirle en los hermanos con nuestros talentos. Siempre buscando su gloria y no la nuestra.

Bendiciones y no olviden comentar, compartir y cantar bien porque el que canta bien ora dos veces.


Ver el mismo tema en video: 

  1. 2 julio, 2019

    Que hermosa lección!!. Muchas gracias padre por compartirnos sus exhortaciones. Dios lo bendiga.

  2. 24 noviembre, 2018

    me pareció ex celente el artículo y con mucha aplicabilidad desde muchos puntos de vista. Sobre todo el tema es poco abordado!!! gracias y Felicitaciones Padre!!!!

    • 29 noviembre, 2018

      Bendiciones para ti también. Recomiéndanos a tus amigos. La paz contigo.

Write a comment:

*

Your email address will not be published.

10 − seven =