Porque el que canta bien, ora dos veces 

LAS NOTAS DEL EVANGELIO – LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

EVANGELIO

Conclusión del santo Evangelio según san Lucas 24, 46-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

   «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto». Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo.Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

Palabra del Señor.

  • SU MISIÓN Y NUESTRA MISIÓN

En esta conclusión del Evangelio según san Lucas apreciamos el plan de Dios para la humanidad. El Mesías padecerá, morirá y resucitará por el perdón de los pecados. Pero es a nosotros que nos corresponde anunciar a todos los pueblos el llamado a la conversión. La música litúrgica anuncia el gran misterio de nuestra fe e invita a la conversión tocando lo más profundo de los corazones.

San Agustín es un claro ejemplo de esta realidad. Él admiraba los cánticos (salmos) que se entonaban en la iglesia de Milán y podía experimentar la misma voz de Dios que tocaba las fibras del corazón y descubría así la voz de la Iglesia que cantaba la gloria de su Señor. Nuestra misión es que a través de nuestros cantos, se refleje el misterio de la fe y seamos instrumento de anuncio para todos los que nos escuchan. Nuestra misión es evangelizar cantando los misterios de Dios.

  • SOMOS TESTIGOS

Para cantar en la liturgia el músico debe primero creer. Lo demás lo puede ir aprendiendo poco a poco en su formación, pero lo que no se puede enseñar es la experiencia de Dios. Para poder ser testigos del amor, la misericordia, la paz, del perdón, de la gracia, es necesario haber tenido la experiencia con él. Nosotros los cantores de la liturgia no hacemos parte de la decoración ni de la solemnidad de una celebración. Hacemos parte de los testigos de Cristo que cantando y así, juntos como asamblea vivimos la experiencia de Iglesia. No olvidemos que somos testigos del Señor, luego eso nos exige el testimonio.

  • UNA FUERZA VENDRÁ DE LO ALTO

Estamos llegando al final del tiempo pascual, por eso la promesa del Señor de enviarnos su Espíritu se hace cada vez más insistente. Ese Espíritu Santo que se nos dará, nos dará las fuerzas para ser testigos ante el mundo de lo que hemos vivido con el Señor. Como músicos que servimos en la liturgia, vivimos momentos fuertes de desánimo, de conflictos, de desacuerdos, en los que nuestras fuerzas parecen agotarse.

Es necesario que pidamos todos los días que el Espíritu nos mueva. No pedimos que venga sobre nosotros porque desde el bautismo ya hemos recibido su presencia. Lo que tenemos que pedir y en lo que debemos  esforzarnos es en dejarnos guiar por ese espíritu, pues sus frutos son muy diferentes al odio, los celos y los conflictos que se viven al interior de nuestras comunidades. Una oración antes de nuestro servicio litúrgico, antes de los ensayos, abrirá nuestro corazón a la acción de Dios para ese momento.

  • ÉL NOS BENDIJO

Yo pienso que uno de los mayores inconvenientes de nuestro ministerio litúrgico es el desconocimiento parcial o total de lo que significa la música en la liturgia.  Aún más, desconocemos que hemos recibido de Dios un verdadero ministerio que la Iglesia lo reconoce y nos invita a participar en el. Hemos olvidado la bendición especial  que se nos ha dado para servir cantando, alabando, adorando. Es tan importante nuestro ministerio que si supiéramos su verdadero significado, no cometeríamos tantos abusos litúrgicos y buscaríamos tener mejor formación que repertorio.

  • ADORACIÓN, ALEGRÍA Y ORACIÓN

El Evangelio termina describiendo lo que hacían los apóstoles después de la ascensión del Señor: “se postraron ante él, se volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios”. Contemplar el misterio de Dios en la Eucaristía, cantar y vivir con alegría y vivir una vida cercana a Dios en la oración, es lo principal para aquel que desea servir en la liturgia.

No basta saber cantos. Es necesario que tengamos un mínimo contacto con lo sagrado porque sólo así seremos testigos de la experiencia vivida con Cristo. Cuidemos nuestra manera de cantar. Somos testigos de aquel que vive por los siglos y nuestros rostros cantando reflejan todo lo contrario. Los ministerios de música de nuestras comunidades deberían estar conformados por verdaderos adoradores, personas con la alegría de Cristo y unidos siempre en oración. ¿Por qué? Porque eso es lo que la asamblea notará en los cantos.

Bendiciones para todos y feliz fiesta de la Ascensión.

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