Porque el que canta bien, ora dos veces 

En la noche de Navidad y en la Vigilia Pascual, resuena en nuestras Iglesias y en el corazón de los fieles, “un himno antiquísimo y venerable con el que la Iglesia, reunida en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y glorifica y le suplica al Cordero” (IGMR 53).  Hablamos del Gloria a Dios que todos conocemos de memoria y que se canta todos los domingos; ¿pero realmente nuestras voces expresan lo que este himno significa hoy para la liturgia?

“Este himno, que fue introducido definitivamente en la tradición litúrgica de la Iglesia, resuena por primera vez en la noche de Belén y habla de un singular y extraordinario encuentro entre Dios y el hombre”. (Juan Pablo II, Homilía 24 diciembre 1995). El Gloria expresa fuertemente, la gran alegría de todo el pueblo de Dios que canta en la celebración la causa de esa alegría: “Hoy nos ha nacido un Salvador, que es el Cristo el Señor” (cf. Lc 2, 10-11).

Primero es necesario hacernos una pregunta: ¿la asamblea y el coro son consientes que este himno es mucho más que un canto extenso? Porque la verdad es que la acción de este canto hímnico permite al pueblo reunido cantar la gloria de Dios en la liturgia.  

Su origen: 

Este himno fue compuesto a partir del texto del evangelista Lucas 2, 14 y según las constituciones apostólicas (VII, XLVII), en el siglo II hacía parte del oficio de la mañana. Mas tarde fueron añadidos otros versos y todo el conjunto forman así una doxología.

En el siglo IV, fue introducido en la misa de Natividad del Señor por el Papa Símaco. Luego en el siglo XI, su práctica fue extendida a los domingos y a todas las fiestas, fuera del adviento y la cuaresma como lo dice La IGMR 53: “se canta o se dice en voz alta los domingos fuera de los tiempos de Adviento y de Cuaresma, en las solemnidades y en las fiestas, y en algunas celebraciones peculiares más solemnes”.

Su estructura: 

Actualmente se canta frecuentemente el Gloria a Dios, pero puede haber en la asamblea y en los cantores de la liturgia cierta ignorancia sobre el sentido de lo que se canta. Como ya lo habíamos dicho antes, este himno nos lleva a cantar la Gloria de Dios y a la alabanza. La misma estructura del Gloria a Dios nos ayuda a este propósito:

  • Primero, como en una especie de aclamación inicial, este himno se abre por el canto de los Ángeles que los pastores escucharon. (Lc 2, 14)
  • Luego, se desarrola una alabanza al Padre como un canto de amor desintersado, expresión de nuestra felicidad como hijos de Dios que nos alegramos por la grandeza de nuestro Padre en el que enumeramos títulos como: Señor Dios, Rey celestial, Todopoderoso.
  • Una tercera alabanza concierne los títulos del Hijo: Señor Dios, Cordero de Dios, según las palabras de Juan Bautista (Jn 1,29).
  • Luego pedimos que tenga piedad de nosotros y que escuche nuestras súplicas.
  • Después resaltamos la superioridad absoluta del Hijo: “porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo…”
  • Finalmente, el Gloria termina con una mención al Espíritu Santo en el que su gloria es inseparable de la del Padre y de la del Hijo.

Puesta en práctica: 

El Gloria debe entonado por el sacerdote o según las circunstancias por un cantor o por el coro. Debe ser cantado ya sea por toda la asamblea o alternándolo con la coral, o también solo por los cantores. Si no se canta, debe decirse en voz alta por todos o en dos coros que se alternan. (IGMR 53) No hay que olvidar que es un himno, por lo tanto está destinado a ser cantado. La IGMR no habla de interponer estribillos, ni cantarlo bajo la forma: coro-estrofa. Cantado por todos, o en dos coros alternado, pero no en forma responsorial. Recuerden que un himno litúrgico tiene esta connotación. 

En estas formas que propone la IGMR, se ve la evolución musical del Gloria. Sin duda, él comenzó como una cantilación y luego se volvió una de las grandes piezas gregorianas. Después, continuó desarrollándose en cada época para tener las formas más aptas a los ritmos y al idioma de cada pueblo. Esto nos muestra que los más importante es que se tenga en cuenta la participación de la asamblea y que con el cantor, sean una sola alma que alaba a Dios.  

En conclusión, todos estos elementos históricos, estructurales y litúrgicos nos deben llevar a asumir el acto del canto como una experiencia comunitaria porque el Gloria a Dios no es un canto como los otros. Este himno que parece en la liturgia como un rito monótono, permite a cada creyente participar en la alabanza. Él exige la participación de toda la asamblea. El hecho que cantemos juntos y que unamos nuestras voces, no sólo por un tono musical, sino quizás por una tonalidad eclesial, produce la alabanza comunitaria al Dios de nuestra fe. Esto permitirá que cantado o dicho, el Gloria a Dios se transforme en el canto de la Gloria de Dios.


Propuesta:  EL GLORIA A DIOS 

 

  1. 27 diciembre, 2018

    Acabo de conocer esta página, wooo! Me parece muy interesante lo que a acabo de leer. Pertenezco al coro de mi comunidad y definitivamente tenemos mucho que aprender.
    Agradezco padre la información que brinda. Bendiciones.
    -Yuri Marisol Leiva

    • 5 enero, 2019

      Bendiciones para ti. No olvides compartir este sitio que puede ayudar a muchos más. Ánimo en tu coro.

  2. 27 diciembre, 2018

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    -Yuri Marisol Leiva

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