Porque el que canta bien, ora dos veces 

¿Cuantas veces a lo largo de nuestro servicio eclesial nos hemos encontrado con que no nos sentimos apoyados y respaldados moral, espiritual o hasta económicamente por la comunidad e incluso el sacerdote y queremos “tirar todo por la borda”?

La realidad:

Damos lo mejor de nosotros, invertimos tiempo, dinero, hacemos sacrificios de todo tipo por dar lo mejor pero llega un momento en que sentimos con fuerza que no somos valorados, que vamos contracorriente, que la Iglesia no nos apoya, que estamos “huérfanos” eclesialmente, es más, que nuestra madre la Iglesia se ha convertido en una madrastra por la situación que nos toca vivir en concreto en nuestra comunidad o con nuestro sacerdote.

En la espiritualidad católica a esa situación se le llama vivir momentos de contradicción evangélica y de tribulación.

La acción del demonio:

No nos dejemos sembrar por el demonio en nuestro corazón resentimiento ante la falta de apoyo que se da a veces (no siempre) a algunos músicos dentro de la Iglesia. Satanás es muy astuto, frío y calculador a la hora de envenenar el corazón del músico de Dios y del creyente en general.

La trampa del demonio es hacerte pensar:

“¿Por qué no te apoyan si tu estás dando tu talento? Mira, no te valoran. Tú que has hecho tanto por la Iglesia y te partes el alma y ni siquiera te dan las gracias?”.

Satanás te toca inteligente, astuta y sutilmente el ego de músico. Primero, sobrevalorandote (en el fondo es una distorsión y verdad a medias porque te hace valorarte por encima de lo que somos en verdad) y después, contrastando lo que “vales” con lo “poco que te valora tu coro, parroquia, sacerdote, obispo, la Iglesia, etc” diciéndote: “Mira, no les importa tus esfuerzos o sacrificios. No vales para ellos.”

A la larga el demonio te va inyectado y envenenano el corazón de tristeza, luego dolor, luego rencor, y al final odio hasta que un día decides dejar el servicio y hasta la Iglesia. Y tú, ¿en qué paso te encuentras?

Lo que debemos hacer:

Lo importante aquí, es ver que situaciones como estas pueden ser de provecho al demonio para sacarnos del camino. Aunque Dios las permite como una oportunidad para recibir de él un bien mayor. El demonio aunque superiormente inteligente a nosotros, siempre tendrá una inteligencia limitada. Pero Dios no es solamente “todo sabio” (omnisapiente), sino que es “la Sabiduría en sí misma”.

Recomendaciones para luchar contra las trampas del maligno

1. Recordar todas las bendiciones que Dios te sigue dando en tu vida.

2. Recordar y agradecer todos los días, lo que Dios ha hecho y hace por tí.

Los prefacios de la misa son iluminadores porque enpiezan con la palabras ” En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar”. (Agradecimiento en todo momento). Después, el prefacio sigue enunciando el acontecimiento-motivo por el cual se da gracias a Dios. Nuestra vida como músicos de Dios debe de ser una Eucaristía viva (acción de gracias permanente).

3. Examen de conciencia

No permitirte acariciarte el ego ni sobrevalorarte para no caer en las verdades a medias del demonio (que al ser verdades a medias se convierte en mentiras) para ello es bueno tener claro la verdad de lo que somos y esto se puede obtener haciendo un examen de conciencia diario.

4. Dar lo mejor

Recuerda dar lo mejor de ti sin esperar el reconocimiento o apoyo incluso de la Iglesia. Eso es también crecer y madurar en la vivencia del primer mandamiento: “Amar a Dios sobre todas las cosas”. Contempla a Jesús que amó radicalmente al Padre aunque eso lo llevara a no ser valorado, incluso a ser perseguido y llevado a la cruz.

5. Los sacramentos

Nunca dejes los sacramentos. Esta batalla es imposible ganarla sin la fuerza que viene de una vivencia profunda y permanente de la vida sacramental. La Eucaristía y la Reconciliación (el primero alimenta y da fuerza y ambos sanan el alma y ayudan a crecer en las virtudes y a resistir al enemigo).

6. Meditar la Palabra

En la lectura y meditación de la Palabra, Dios te ayudará a discernir y desenmascarar los argumentos del maligno. El demonio no lee la mente, pero si estudia tus debilidades, pasiones, inclinaciones y apetencias y se agarra de ellos para lanzar un ataque frío y calculador.

7. Una permanente y sincera relación con Dios a través de la oración ante el Santísimo

Si es posible diariamente, visita a Jesús en el sagrario o en una capilla de adoración perpetua y las horas santas. Ojalá lo hagas en silencio y no como “visita de médico”. Porque aunque nos quedemos sin palabras ante Cristo en el Santísimo, es como estar frente al sol. Él va transformando lenta e imperceptiblemente el tono de tu “piel espiritual”. Recuerda que si se quieren ganar batallas, la mejor forma para el católico es poniéndose de rodillas.

Ojalá que este post sea de ayuda para no dejarnos envenenar el corazón. El demonio busca destruir la obra de Dios en tí. Santo Tomás de Aquino: “Dios no permite un mal del cual no surja un bien mayor. Por eso puede ser probable que Dios permite esta acción del maligno para que obtengas algo de su misericordia:

“Madurar en tu fe y entrega incondicional a Dios a través de su Iglesia. Crecer en el amor a Él, dándote sin reservas. Un amor que ama a Dios por lo que es y no por los regalos que da”.

Gilberto Ley Peña.

Cortesía: grupo facebook “Formación a músicos y cantores litúrgicos”

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