Porque el que canta bien, ora dos veces 

Ya habíamos compartido la primera parte del canto litúrgico en la tradición cristiana, concentrándonos en la importancia del canto en el Antiguo y Nuevo Testamento. Pueden leerlo aquí. 

Ahora compartimos la segunda parte dedicada a la época patrística y el magisterio de la Iglesia. Esperamos que estos elementos sirvan para que apreciemos el precioso legado musical que tenemos en la Iglesia católica.

La experiencia de la música y el canto en la época patrística

San Agustín de Hipona

En la época patrística la nota dominante en favor del canto y la música en la liturgia, es abundante. Recordemos, a modo de ejemplo, algunos testimonios al respecto: Clemente Romano, a finales del siglo I, nos dice que el Sanctus ya se cantaban en las liturgias (Ad Cor. 34, 6-7). Ignacio de Antioquía a comienzos del siglo II, acude al valor del canto para exhortar a la unidad y a la comunión que caracterizan al culto cristiano (Ad Ephes 4, 1-2). 

A mediados del siglo II, Justino mártir, en su Apología dirigida al emperador Antonio Pío, subraya la superioridad de la alabanza y el canto de los cristianos frente a los sacrificios materiales (Apología I, 13). En el mismo sentido se expresa Ireneo de Lyon, trasladando el valor del canto y la música a la efusión del Espíritu Santo, quien inspira el canto respetando la unidad en la diversidad (Adversus Haereses 3, 17-22). 

En los años posteriores, los Padres Apostólicos expresan la necesidad del canto y de la música en la liturgia (Agustín, Confes. 10,30; Atanasio, Ep. Ad Marcellinum. PG 27,41; Nicetas  de Remesiana, De psalm. Bono,PL 68,371. En el mismo sentido: Jerónimo, Gregorio Nacianceno, Gregorio Niceno, Juan Crisóstomo e Isidoro de Sevilla), y además los integran en sus famosas catequesis mistagógicas, homilías y diversos tratados. En realidad, la práctica del canto y de la música es una constante en la que el pueblo participa y expresa su pertenencia a la Asamblea que celebra su fe. 

La experiencia de la música y el canto en el Magisterio de la Iglesia

Concilio Vaticano II

La Iglesia a lo largo de su historia ha orientado con importantes documentos lo que debe ser el canto y la música en la liturgia. Sin pretender ser exhaustivos mencionamos algunos, como el “Motu proprio” “Tra le sollecitudii” de Pio X (1930), la Constitución Apostólica “Divini Cultus” de Pio XI (1928), las encíclicas “Mediator Dei” (1947) y “Musicae sacrae disciplina (1958) de Pio XII, la instrucción “De musicae sacra et de sacra liturgia” (1958) y la carta “Lucunda laudatio” de Juan XXIII a Mons. H. Anglés (1961).

Fuente:

“Orientaciones para el canto y la música en la liturgia”, Revista de actualidad litúrgica de la Conferencia Episcopal de Colombia número 46 marzo del 2003

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