Porque el que canta bien, ora dos veces 

Con el domingo de ramos en la Pasión del Señor, iniciamos la celebración de la Semana Santa. En este domingo, escucharemos la lectura del Evangelio según san Lucas en dos grandes momentos importantes de la celebración litúrgica: antes de la procesión con los ramos (aunque este evangelista no hable de ramos sino de mantos) y la solemne lectura de la Pasión. 

LA ENTRADA DE JESÚS A JERUSALÉN

En el Evangelio de la procesión de ramos de la entrada de Jesús a Jerusalén las aclamaciones de la multitud fueron para Jesús un triunfo modesto pero con una fuerza especial. Este acontecimiento anuncia la gloria de Jesús que será reflejada especialmente en el día de su Ascension. 

A lo largo de esta celebración, vamos a descubrir que este camino de gloria se vuelve de repente un camino de sufrimiento, de entrega y de confianza. La dinámica de la liturgia nos trae entre cánticos e himnos a Cristo Rey y de repente la liturgia de la Palabra nos pone de frente a la pasión del Señor. Es un cambio de ambiente litúrgico que nos debe situar en el misterio pascual del Señor. 

Jesús entra en el sufrimiento. Él va hasta extremo de su misión, hasta el don total de su vida. Su actitud debe invitarnos a tomar el mismo camino: escuchar la Palabra de Dios como quien se deja instruir por esa misma Palabra; como Cristo, aceptar la donación de nosotros mismos e ir hasta el extremo de un amor que perdona. Grande misión en esta semana santa y siempre para todos los cantores de la liturgia. 

DE LA PASIÓN A LA GLORIA

Este camino que inicia el domingo de ramos, vamos a encontrarlo a la inversa en los tres últimos días de la semana santa: pasando por el sufrimiento y la ofrenda de su vida, Cristo saldrá del sepulcro. La muerte será vencida. Es a esta victoria de la muerte y del pecado que el Señor va a conducirnos. 

Vamos a escuchar también la proclamación solemne de la Pasión según san Lucas en la que Jesús está rodeado de varios personajes: las autoridades religiosas, Pilato, Caifás, Judas, Pedro, los otros discípulos, Simón de Cirene, el buen ladrón, José de Arimatea, las mujeres que siguen al Señor, el centurión, los soldados. 

A través de esta multitud de personas que toman parte por o contra el Señor, san Lucas sigue fiel al espíritu de su Evangelio y aún en los momentos más dolorosos, él nos presenta un Jesús que irradia misericordioso, ternura y perdón. Ningún otro evangelista ha expresado mejor la sensibilidad del amor del Padre que se manifiesta sobre todo a los pobres, a los que sufren y a los que la sociedad margina. 

En la cruz, Jesús pronuncia tres palabras que no son mencionadas en los otros evangelios y que revelan la identidad de nuestro Dios.

“PADRE PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN” 

Esta palabra de es el grito más fuerte del Evangelio y del amor de nuestro Dios. Este grito de perdón es conferido en medio de las injurias y las burlas lanzadas por la muchedumbre. 

Durante toda su vida, Cristo predicó el perdón. Pidió a sus discípulos perdonar no sólo a sus amigos, sino también a sus enemigos. Además le dijo a Pedro que tendría que perdonar no siete veces sino setenta veces siete. En la parábola del hijo pródigo, nos presenta al padre que hace fiesta por su hijo que “ha vuelto a la vida”. 

Tratado como un malechor público y condenado a una muerte cruel e injusta, crucificado entre dos ladrones, él tiene aún la fuerza y la valentía de perdonar. 

“HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO”

Jesús siempre se dirigió con bondad y amor a tantas personas durante su vida: a María Magdalena, a Zaqueo, a la Samaritana, a los enfermos, a la mujer adúltera, a Nicodemo, a José de Arimatea, a Pedro. Ahora, es el turno de acoger al malhechor crucificado con él. Aún en el lecho de muerte, Jesús abre a este hombre una perspectiva de esperanza y de vida.

No debemos olvidar que a través de los siglos, el Señor ha ofrecido esta misma esperanza a millones más. La Iglesia a sido aquella que anuncia la esperanza aún en momentos difíciles y de muerte. El Señor lo sigue haciendo actualmente. 

“EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU”

San Lucas nos indica que la muerte de Jesús no es un acontecimiento sin ningún valor. Se trata de un acto de amor, del paso hacia el Padre. El Señor vivió en comunión íntima con su Padre y ahora, en la angustia del Getsemaní y los tormentos de la crucifixión, con la total confianza, él encomienda su vida  entre las manos de su Padre. Todos los días deberíamos hacer este acto espiritual de entregar nuestra vida a Dios y de confianza absoluta. Nunca seremos defraudados. 

Que el inicio de esta Semana Santa, nuestra preparación espiritual, litúrgica y musical permitan que en comunidad celebremos juntos el Misterio Pascual del Señor y aclamemos con nuestra voces que Cristo vive. Feliz Semana Santa. 

Pueden consultar nuestras reflexiones y material formativo para estos días santos, AQUÍ

P. Gabriel Alarcón

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