Porque el que canta bien, ora dos veces 

Esta es una segunda parte de una publicación que habíamos hecho anteriormente. Les dejamos el link de la primera parte aquí. 

Los contenidos musicales

Detrás de la selección de cantos debe haber un sentido pedagógico.  Hay cantos más sencillos y otros más complicados.  Esto no significa que seleccionemos música de baja calidad en función de la participación. Pero si se puede ir incorporando gradualmente música con mayores contenidos musicales para ir subiendo el nivel musical de la asamblea. Saber evaluar estos contenidos,  quizás sea un poco más complicado y exija del que selecciona los cantos,  un poco más de conocimientos técnicos musicales. Sin embargo creo que esta puede ser una oportunidad para investigar aspectos teóricos de la música, lo cual significará un crecimiento para el seleccionador (El crecimiento constante del músico litúrgico es sumamente importante).

Por un lado está la extensión de los cantos. ¿Qué tan amplio es la variedad de sonidos que posee el canto con respecto al registro? Si tiene un sonido muy grave pero a su vez llega a sonidos muy agudos, hace que el canto requiera de un manejo vocal más exigente.  Si alguien siente que los sonidos del canto son accesibles entonces se sentirá más confiado en cantar.

Veamos el siguiente ejemplo:

La extensión será la distancia entre el sonido más grave hasta el más agudo que está expresado al final de la partitura. Este fragmento del canto involucra la extensión de cinco sonidos o sea un intervalo de 5º.

Veamos ahora otro ejemplo:

Este fragmento de Pueblo de Reyes  involucra la extensión de nueve sonidos o sea un intervalo de 9ª. Será mucho más sencillo cantar el Santo (el primer canto) a Pueblo de Reyes. Tomar en cuenta esto facilitará la participación así como también nos puede ayudar a seleccionar cantos que puedan ayudar a la asamblea a ampliar su registro vocal utilizando un criterio pedagógico de gradualidad de la dificultad.

A los que no conozcan lo que son las síncopas y contratiempos, les recomiendo que también investiguen sobre esto, ya que los cantos donde sobre abundan suelen ser más difíciles. Otro aspectos son los intervalos melódicos. Si un canto tiene intervalos melódicos muy grandes también esto dificultará la entonación de un canto.

La extensión de los cantos o de las melodías

De repente un canto puede ser muy largo porque tiene muchas estrofas pero estar basado en una pequeña melodía que se repite. En este mismo orden de ideas está la extensión de las letras. Por eso creo que la participación de la asamblea es complicado que se dé con todos los cantos en toda su extensión. Sobre todo si queremos darle expresividad a los cambios que va teniendo la liturgia a través del año litúrgico en cada tiempo en cada domingo. Por ello me parece que en virtud de la participación, se pueden elegir parte de los cantos en los que la gente participe. Se pueden elegir partes específicas para que la asamblea participe. Como el “gloria a Dios en el cielo…” del Gloria de Palazón o el “Hosanna” del Santo de Mejías.

La tesitura

Entre los factores a tomar en cuenta está la tesitura de los cantos y las voces de la comunidad. Este es un aspecto que puede favorecer o entorpecer la participación. Al elegir las tonalidades con la que entonaremos los cantos es natural querer usar aquellas que le den brillo y embellezcan la voz de los que animan nuestras celebraciones a través del canto.  Sin embargo, estas frecuentemente no coinciden con los sonidos que nuestras asambleas están acostumbrados a entonar, por lo que muchas personas pueden abstenerse de cantar.  Por eso este será un punto importante al que debemos ponerle atención.

Conviene explorar las características de las personas de la comunidad. Son muchas las razones las mujeres tienden a sentirse más cómodas con sonidos graves para ellas  (lo que se conoce como voz de pecho) lo cual va desde un La3 a un La 4. Los hombres por otro lado, tienden a sentirse cómodos en un registro de Do 3 a  un Re 4. Entonces al momento de elegir las tonalidades para la música litúrgica es útil tomar en  cuenta estos datos y tomar decisiones que permitan la participación y que (no menos importante) favorezcan una bella interpretación de parte del coro o del cantor.   

El Papa Pio X en su Motu proprio dice que la Música Sacra debe ser verdadero Arte: “Debe tener arte verdadero, porque no es posible de otro modo que tenga sobre el ánimo de quien la oye aquella virtud que se propone la Iglesia al admitir en su liturgia el arte de los sonidos.” Esto nos trae un reto, y es por esta razón que debemos construir una extensión común que atienda todos estos aspectos importantes, que sirva para todas las personas reunidas y al mismo tiempo favorezca la belleza de la ejecución.

Quizás es bueno tener como referencia lo que se conoce como registro medio que es del que va desde Do 3 a un Re 4 como en los hombres. Pero como es una extensión a la cual las voces femeninas sin entrenamiento vocal no están acostumbradas a cantar, habrá que hacer un trabajo que sirva para educar las voces de la asamblea hasta lograr que todos cantemos de manera cómoda en un mismo registro.

Para esto el cantor o responsable de la música en la celebración, debe ser un pedagogo. Usar primero tonalidades que hagan sentir cómoda a la mayoría de la asamblea, y progresivamente usando tonalidades que  desarrollen sus capacidades vocales hasta llegar a un registro medio.

El micrófono

Los avances tecnológicos traen consigo nuevos aspectos sobre los cuales reflexionar en el ejercicio del ministerio del canto litúrgico. El uso del micrófono y la amplificación nos supone ciertos aspectos a considerar. Por una parte ha servido como un recurso que permite que nuestra música sea entendida  de una manera más clara en todo el templo, sobre todo cuando no poseemos un coro con suficiente número de cantantes y preparación vocal para proyectar su canto para que se escuche lo suficiente.

El micrófono  favorece  el aprendizaje de los cantos y facilita la participación. Pero mal utilizado puede llevarnos a ideas equivocadas acerca de nuestra labor. Un uso excesivo en el volumen puede callar la voz de la asamblea dando la impresión que la música debe ser interpretada únicamente por el cantor. Lo cual nos lleva a otra idea equivocada: que la celebración eucarística es un show o creer que los cantos son una especie de amenización o intermedio musical para que la Misa “no sea  tan aburrida”.

Esto supone un acto de banalización de algo que es profundamente espiritual y que contiene un significado dentro de nuestras celebraciones. El uso del micrófono de esta manera nos lleva a una personalización del canto en el cual la asamblea es relegada a ser un espectador y no protagonista. Ella puede participar o no de estos cantos dando la idea que el verdaderamente importante es el solista o grupo musical que interpreta los cantos.

Por otra parte, el escuchar al resto de la asamblea de seguro será un estímulo para el canto. No hay nada más estimulante que compartir el canto, nos hace sentir más Iglesia. Cuando cantamos juntos es difícil no sentir fuerza y compañía.

Cantar de manera correcta

Hay muchos cantantes que buscando embellecer la melodía, acuden al recurso de variar las melodías. Por una parte cambiando la duración de los sonidos con el uso del Rubatto  y por otra modificando las alturas de los sonidos o introduciendo melismas . Hay quienes en función de originalidad cambian tiempos y otros elementos musicales. Yo mismo soy testigo como muchas veces cuando se juntan grupos eso termina siendo una limitación. Creo que este tipo de recursos de interpretación se relacionan mucho con el canto solista. Termina siendo una limitación a la participación de la asamblea. En este sentido en función de la participación tiene sentido el apegarse a las versiones originales. Se puede buscar la expresividad en torno a las dinámicas. Trabajar con el volumen puede dar mucha expresividad a nuestro canto.

Con esta segunda parte termino con este tema acerca de la participación a través del canto de la asamblea celebrante. De seguro que muchos de ustedes tienen su propia experiencia de qué cosas les han servido o han limitado para la participación de la asamblea en las Celebraciones Eucarísticas. 

Por Jorge Augusto Sánchez

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