Porque el que canta bien, ora dos veces 

Todos los que cantan y sirven en la liturgia a través del canto, ejercen un verdadero ministerio litúrgico. Eso hace que no sea un oficio confiado a cualquiera sino a aquellos que poseen las cualidades requeridas. No estamos hablando únicamente del acto de cantar, sino de ciertas cualidades humanas que expresan más allá del servicio, una vocación y una experiencia de fe. Porque no nos digamos mentiras; se puede servir sin fe y sin vocación.

La amistad es una de las experiencias que todos los seres humanos experimentamos en la vida. La música y el canto en la liturgia es una bella ocasión para construir amistades que puedan durar mucho tiempo o toda la vida.  

Amistad

 Lo primero que debes hacer para construir verdaderas amistades en el ministerio de música y canto es servir como nos lo pidió Jesús.

La clave de construir comunión con los demás hermanos es sirviendo con el mismo espíritu de Jesús: con sinceridad, sin buscar reconocimientos y haciéndose último. ¡Esto sí que es difícil! Sobretodo porque los músicos solemos creernos mucho más de lo que realmente somos y sabemos.

El reconocimiento puede llegar, y puede ser una motivación, pero no el primer motivo para servir. Los demás se darán cuenta de la manera como sirves; por lo tanto, hazlo con amor, con sinceridad, con fe y ayudando, sirviendo a los otros.

Algunos no saben, no entienden, se les dificulta; esa es tu oportunidad de construir una buena amistad con otro hermano que necesita de tu servicio. Es quizá la manera de relacionarte con tu párroco, con la asamblea que participa, con los demás ministros, etc. Una buena amistad puede comenzar un por un pequeño servicio que prestaste. ¡Piénsalo!

Dar la vida por los amigos es una de las pruebas de una amistad verdadera y centrada en el amor libre.

Como no es un amor egoísta, por eso se es capaz de arriesgar la vida por los otros. El que quiere construir una verdadera amistad debe ir poco a poco pensando menos en él y más en sus amigos.

Por eso Jesús dijo: ámense como yo los he amado. Y todos sabemos que el amor de Jesús fue hasta el extremo.  Si quieres empezar una amistad verdadera con las personas a las que sirven, empieza despojándote un poco de lo que eres; eso significa que enseñes lo que sabes, que ayudes a mejorar la calidad musical de los otros, la manera de cantar, que enseñes a interpretar el instrumento que tú conoces, etc.

Eso es un signo claro que un músico no está centrado en sí mismo, sino que le interesa relacionarse a través de lo que tiene. Es buena señal cuando empiezas a dar tu vida por los otros. Surgirán amistades agradecidas y fundadas en la libertad.

Es la clave

Es la regla de oro no sólo para los cantores y músicos que sirven en la liturgia, sino para todo ser humano. ¿Tú sirves con amor? seguramente así mismo recibirás.

¿Tú enseñas y guías a los demás con paciencia y respeto? eso vendrá de nuevo a ti; ¿muestras intolerancia antes los defectos de los otros? Pues seguramente cuando vean los tuyos, sabrás cómo reaccionarán los demás. Si quieres cosechar una buena amistad en tu grupo de coro o ministerio de música, siembra todo lo que quisieras tener después. Cuidate de la tentación del autoritarismo, de la grosería, del rencor, eso alejan a los demás y no permiten crear relaciones de amistad sanas y centradas en Dios.

 Cuando los demás descubren que tú prefieres la unidad a la discordia, el amor al odio, la caridad al egoísmo, entonces los demás preferirán tener un amigo con estas virtudes.

Lo que los demás verán claramente para acercarte a ti y construir una amistad es si eres abierto al diálogo, si reina el amor en ti y tratas a todos con igual caridad y respeto. Una amistad empieza a construirse por el trato que emites a los demás. Eso o aleja o acerca las personas. Los amigos están unidos en los problemas y en los aciertos, en las crisis y en los triunfos, en las alegrías y en las lágrimas.

Busca estar unido a tu ministerio o a tu grupo de canto aún en los momentos desagradables. Y ojalá no seas tú quien los propicie. Que los otros vean como agradable y buena tu compañía. Es inicio de una buena amistad.

Sé consciente de todo lo que dices.

Vive siempre en la verdad. No interpretes situaciones sin pruebas; no saques conclusiones sin reflexionar; cuida la reputación de tus hermanos de coro. Aunque haya serios problemas al interior de un grupo o entre dos personas, tú mantente centrado en la caridad y en el respeto. Propicia el diálogo y no el comentario que hiere y aleja las personas.

Si quieres construir una verdadera amistad con los que sirven contigo en la liturgia entonces sé sincero, prudente y ora por lo que pasa con tus amigos. Ora y canta por ellos. Recuerda que cantar bien es orar dos veces.

Cuando vives centrado en la verdad y la caridad los lazos de amistad de afianzan y madura nuestra actitud frente a las diferencias de los otros. Este es un gran signo de amistad: hablar del amigo cuando no está presente, pero para bien.

Espero que estas reflexiones te ayuden para afianzar tu ministerio de música. Construye amistades verdaderas, un día las necesitarás para que te recuerden que no estás solo; que Dios los puso en su vida para sostenernos cuando tendemos a caer.

Por Pa. Gabriel Alarcón.

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