Porque el que canta bien, ora dos veces 

¿Qué tal si te dijera que de la música  podrías  destacar elementos que, aplicados a una experiencia de vida cristiana, pueden favorecer a tener un encuentro más profundo con Jesucristo? puedes conjugar elementos y conceptos tomados de la música y organizarlos como claves o herramientas para caminar de una manera más eficaz de la mano de Dios, o dicho en otras palabras, para vivir “al ritmo de Cristo”.

 

Sabemos que detrás de una buena pieza musical, melodía o canción, se esconden muchos elementos; hablamos de ritmos, notas, armonías, que son los componentes que hacen que una melodía reúna las cualidades para que sea agradable al público. Lo mismo sucede en el seguimiento de Cristo, detrás de una vida conforme al querer de Dios se esconden tantos elementos como la vida de oración, la docilidad, virtudes, sacrificios, que hacen que esta experiencia sea mucho más viva y transformadora. Teniendo en cuenta esto, quisiera ofrecerte, valiéndome de 4 conceptos muy propios de la música,  unas herramientas para que tu vida cristiana sea cada vez más auténtica y te favorezca al encuentro con Jesús.

1. Tiempos:

En la música, el tiempo juega un papel determinante, pues marca la velocidad con la que debe ejecutarse una pieza musical, para que esta tenga orden y armonía. Así mismo, el tiempo debe convertirse para tí, en un aliado para la vivencia cristiana; saber vivir los procesos, reconocer los tiempos de Dios, verlos como oportunidades de gracia, que afianzan tu respuesta y el deseo de caminar con Dios.

2. Silencios:

Los silencios en la música tienen la misma importancia expresiva que el sonido. Al igual que en el habla, el silencio ayuda a tomar aire, a descansar. Es muy importante en tu vida que muchas veces tomes esas pausas, que pongas un alto en el camino para revisar tu relación con Dios, también para descansar en Él y tomar un aire que te impulse a continuar con el objetivo de ser mejor. Recuerda las palabras de Jesús “Vengan a mí todos los que están cansados que yo los aliviaré” (Mt 11, 28-30).

3. Acordes:

Estos son fundamentales en la música, para que se pueda constituir una unidad armónica. Los acordes más comunes están compuestos por tríadas es decir, por tres notas. 

Si pudiéramos hablar de una tríada que te acerque más a Dios y te haga  un reflejo del rostro de Jesús, sería una compuesta por una fe inquebrantable, una esperanza constante y una caridad desinteresada.

4. Ritmo:

Musicalmente hablando, el ritmo consta de la fuerza o el movimiento causado por una sucesión de sonidos. El ritmo está definido por acordes de notas y silencios y puede influir en los estados de ánimo. Ahora bien, espiritualmente hablando y como el título de este artículo indica, no hay nada más sabio que permitir que el ritmo de las cosas, de nuestros procesos, de nuestras decisiones y sus efectos lo tenga la persona de Jesucristo. A veces cometemos el error de desesperarnos porque según nosotros, Dios no nos escucha, o Dios no actúa conforme a lo que nosotros queremos, pero es porque aún no nos acostumbramos a esperar en su manera de obrar, en su voluntad. 

Aprende a vivir tu vida dejándote conducir por Jesús, pues es él quien quiere hacerte comprender el sentido de la vida y la misión que Él tiene para tí en este mundo. Recuerda que la vida se hace mucho más fluída y tu experiencia de Dios tiene muchos más frutos en la medida en que decidas caminar “al ritmo de Jesucristo”.

Por Edwin O. Carvajal

 

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