Porque el que canta bien, ora dos veces 

La música y el canto es tan importante en la vida litúrgica de la Iglesia que posee unas características antropológicas que nos ayudan a verlo como la expresión humana que nos lleva a la contemplación de lo divino: 

1. EL CANTO ES EXPRESIÓN DEL MUNDO INTERIOR DEL HOMBRE

El canto es expresión de los sentimientos, vivencias, deseos e ideas del hombre. En esta primera característica del canto, este se presenta como un medio de expresión universal más intenso aún que la palabra, un lenguaje que está presente en todas las épocas y culturas de la humanidad. En el canto los sentimientos se manifiestan en un estado más puro y no se difuminan tan rápidamente. Por otra parte, el canto y la música envuelven al hombre, llegando a lo más hondo de la persona y comprometiendo las zonas más profundas de la emotividad y del sentimiento. 

Por este motivo “no ha de ser considerado el canto como un cierto ornato que se añade a la oración, como algo extrínseco, sino más bien como algo que dimana de lo profundo del espíritu del que ora y alaba a Dios, y pone de manifiesto de un modo pleno y perfecto la índole comunitaria del culto cristiano. (PGLH 308) 

2. EXPRESIÓN POÉTICA

Esta es la segunda característica del canto ya que el paso de la palabra al canto se produce, generalmente, a través de la función poética del lenguaje. Por medio del canto la palabra alcanza una fuerza significativa mayor, ganando en expresividad y en belleza. La palabra hablada y el canto son dos modos diversos de expresión. Cuando se habla, de suyo lo más importante es lo que se dice, o sea, la comunicación de una idea o de un concepto. Sin embargo, el canto no se queda en esta finalidad práctica y, en cierto modo, utilitarista. Lo mismo que la poesía, el canto contiene un mensaje en sí mismo, es una acción que se justifica por sí sola. 

3. EL CANTO CREA COMUNIDAD

Esta tercera característica del canto refleja que el canto une y refuerza los vínculos de un grupo y es signo de comunión. Cantar crea una atmósfera de sintonía, por encima de individualismos y diferencias de cualquier tipo. El que canta sale de su aislamiento interior y se pone en actitud de comunicarse; renunciando al propio tono de voz y al propio ritmo, se acomoda al tono y al ritmo que exige el canto y contribuye a la unidad del grupo. Los Santos Padres comparaban a la Iglesia con un arpa en la que cada cuerda da su propio sonido, pero suena una sola melodía: “mediante la unión de las voces se llega a una más profunda unión de corazones” (Musicam Sacram 5). 

4. EL CANTO CREA UN AMBIENTE DE FIESTA

Esta última característica del canto refleja la unión de las tres características anteriores ya que es en la fiesta como atmósfera que ha de envolver toda la celebración. En este contexto, el canto sirve para liberar sentimientos, normalmente inhibidos; la dimensión poética contribuye fuertemente a crear un clima agradable, y los aspectos comunitarios del canto provocan también un sentimiento gozoso común. En la celebración “hay que esforzarse en primer lugar porque los espíritus estén movidos por el deseo de la genuina oración de la Iglesia y resulte agradable celebrar las alabanzas divinas” (PGLH 279).

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